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Ha pasado más de un año desde que EE.UU. concluyó oficialmente su emergencia de salud pública por COVID-19. Pero con el virus aún presente, los promotores de salud, un modelo histórico de mensajeros de salud comunitarios, continúan desempeñando un papel vital en las comunidades latinas. Las promotoras crean conciencia sobre la importancia de mantenerse al día con las vacunas, educan a las comunidades sobre varios temas de salud y ayudan a combatir la desinformación.
Mientras los legisladores debaten el futuro de los trabajadores de salud comunitarios en medio de la escasez, el agotamiento y los desafíos de financiación, Public Good News contactó a Latino Health Access, una organización sin fines de lucro en Santa Ana, California, que entrena promotores de salud desde la década de 1990.
Las promotoras de salud de larga trayectoria, Noraima Chirinos, Rosalía Vargas y Nallely Enriquez, reflexionaron sobre sus años de trabajo en sus comunidades y sus mayores aprendizajes hasta ahora.
Esto es lo que dijeron.
[Nota del editor: El contenido y longitud de estas entrevistas han sido editados para mayor claridad].
Noraima Chirinos
Promotora líder de bienestar emocional
En LHA desde hace casi 30 años.
Sobre el trabajo continuo de crear conciencia sobre las vacunas:
“Todavía no sabemos qué más consecuencias nos va a dejar la pandemia [de COVID-19]. Es una tarea que yo pienso que nunca se va a acabar, porque todavía hay mucha resistencia, porque hubo mucha mala información a través de [los medios], con videos, personas que dijeron, ‘Yo soy médico, yo no recomiendo la vacuna,’ y no sabemos si eran médicos o no. No sabemos nada.
Y a lo mejor sí lo eran. Pero eso trajo también mucha controversia dentro de las comunidades, muchas dudas.”
Sobre por qué los trabajadores de salud deben abordar al ser humano completo:
“En la medida que entrenábamos personas con diabetes a manejar y controlar su enfermedad, nos dimos cuenta que no era solo la diabetes, sino que era un paquete completo de cosas que tenía que solucionar ese participante para poder lograr completamente ese control, ser dueño de esa diabetes.
En realidad dijimos no nos podemos quedar aquí, tenemos que buscar otros senderos para dónde crecer, y poder ayudar más a la gente.
Así fue como fuimos creciendo de un programa como el de diabetes, surgimos a enfermedades del corazón, prevención, y después pasamos a mamografía, o sea, el cáncer del seno, después estuvimos en osteoporosis, prevención de la osteoporosis, después en salud de la mujer, salud familiar, y así hemos ido creciendo y creciendo en una serie de servicios y programas sobre todo educativos donde las personas — con clases muy sencillas— pueden entender mejor las condiciones y cómo controlarlas y cuáles son las consecuencias de no tener un control sobre la salud.
Nosotros trabajamos con terapia narrativa y la terapia narrativa está basada en historias. Los seres humanos somos historias, y no somos una historia, somos un mundo de historias. Viendo desde la perspectiva de la terapia narrativa, el problema es el problema y la persona es la persona, y no es que la persona sea el problema, entonces como que empezamos a apartar esto, ¿no? Vamos a ver cómo va la cosa aquí, digamos nosotros. Entonces, si la persona es la persona y no es el problema, definitivamente la parte financiera, el hijo que le van a deportar, el niño que no aprende con facilidad, la muchacha que es la única que trabaja en la casa y sostiene la familia, en realidad no es que ellos sean una familia de problemas, sino que las circunstancias basadas en los sistemas donde vivimos y los recursos pocos que tienen las comunidades pobres, definitivamente son el problema”.
Sobre las mayores barreras para que las promotoras hagan su trabajo:
“Tuvo que pasar la pandemia para que los sistemas de salud, para que se dieran cuenta de la efectividad del trabajo de los promotores.
Las grandes barreras que hemos tenido siempre han sido los sistemas, que no creían en el modelo del promotor hasta que pasó esta tragedia y quienes estuvieron enfrente fuimos las promotoras.
Ahorita se habla de una certificación de promotoras en el estado de California, pero el sistema todavía no entiende el modelo de trabajo de las promotoras. Entonces, ¿cómo nos garantizan que aunque yo tenga un certificado van a respetar mi trabajo y van a darme la confianza de dejarme hacer lo que yo sé hacer?
Muchas de las señoras que quizás son las mejores líderes dentro de las comunidades, probablemente académicamente no tienen mucho, pero han sido entrenadas y tienen las herramientas de conocimiento necesarias para transmitirlas en educación a una comunidad.
Tienen un gran corazón y el deseo de ver a una comunidad sana, eso no se puede certificar. [Tienen] el deseo de que nuestros niños tengan un lugar seguro, donde crecer y con todas las opciones para su educación, eso no se puede certificar”.
Rosalía Vargas
Coordinadora de distribución de alimentos
En LHA hace aproximadamente 24 años.
Sobre cómo las promotoras son mensajeras confiables y eficientes:
“El concepto del promotor como yo lo entiendo a través de estos años acá es que son vecinos trabajando con vecinos. Así empecé yo, organizando posadas con mis vecinos, hablando con mis vecinas, enterándome [de lo que ocurre en nuestras vidas]: ‘Oye, ¿qué te está pasando? Yo sé de este recurso, ¿tú sabías? Ve y úsalo, a mí me funcionó’. O sea que estamos compartiendo, no solamente las cosas buenas, sino también las dificultades, pero también poder apoyarnos. Si yo salí, tú puedes salir.
Entonces el modelo del promotor [funciona] porque es del mismo vecindario y por experiencia propia, conoce lo que está sucediendo ahí y conoce lo que están viviendo los vecinos. Si yo viniera de otro extracto económico y me pusieran a realizar ese trabajo, yo no sabría qué es dormir y escuchar balazos en la noche, yo no sabría qué es caminar por una banqueta sin alumbramiento suficiente, o no sabría cómo es vivir en un departamento donde viven dos, tres familias, donde no hay privacidad, donde surgen muchos problemas de todo tipo, donde hay que compartirlo, no porque me guste compartirlo, [sino] porque mis recursos económicos no son suficientes para vivir sola en un departamento.
Si yo conozco de propia experiencia esas situaciones y yo quiero salir de esa situación, me alegraría mucho que otros salieran de esa situación. Y si yo salí, quiero que otros también salgan. Entonces, es la empatía que existe entre familias, entre promotores y vecinos, de entender en carne propia lo que tú vives, porque ya lo viví.
Hablamos el mismo lenguaje, hablamos de las mismas experiencias. Creo que el sentido de tener empatía por la gente es lo que logra [que haya] confianza [entre] los promotores y las familias, que son nuestros vecinos también, porque vivimos en las mismas comunidades”.
Nallely Enriquez
Coordinadora del programa de participación de niños y jóvenes
En LHA hace más de 5 años.
Sobre la importancia de trabajar con varias generaciones de personas:
“Los jóvenes con los que trabajamos, por supuesto que nos preocupaba que se contagiaran de COVID-19, pero ellos estaban más preocupados porque sus padres y abuelos se contagiaran de COVID-19 y que sus padres se quedaran sin trabajo.
Para muchos de ellos, fue la primera vez que realmente entendieron la situación familiar. A través del COVID-19, fue que finalmente comprendieron mejor la situación familiar, su situación financiera y cuáles eran sus necesidades.
Además, la necesidad académica era enorme. Antes de COVID-19, había muchos jóvenes que tenían problemas con sus calificaciones o incluso problemas sociales, como hacer nuevos amigos, y el COVID-19, desafortunadamente, exacerbó todo eso.
Como agencia, tuvimos una gran campaña para llevar las vacunas contra COVID-19 a la comunidad. Así que estábamos en el terreno, yendo a los vecindarios, informándoles sobre la vacuna y todos los sitios de prueba.
Nos encargamos de toda esa divulgación y fue genial ver a nuestras promotoras realmente salir a la comunidad en nuestra camioneta roja. Nuestra camioneta roja es muy famosa por gran parte del trabajo y las campañas que Latino Health Access ha realizado, pero solo ir a las comunidades, conducir con el megáfono diciendo: ‘Latino Health Access llevará a cabo una clínica de vacunación de tal día a tal día, y a tal hora. ¡Nos vemos allí!’
Muchos de los jóvenes nos dicen que recuerdan haber escuchado eso cuando estaban dentro de sus apartamentos.
Y para nosotros, era muy importante hacer eso, porque sabemos que para gran parte de nuestra comunidad, aunque el condado y muchas otras agencias difundían las noticias a través de las redes sociales o de los medios electrónicos, algunos de los padres de los jóvenes o los abuelos no necesariamente saben cómo usar el teléfono a veces, o no siempre están en sus redes sociales porque tienen que trabajar, etc., así que era importante para nosotros salir y difundir toda esa información”.
Este artículo es respaldado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) y el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) como parte de una concesión de asistencia financiera a la Fundación de los CDC por un total de 69,392,486 dólares con el 100 por ciento financiado por los CDC/HHS. Los contenidos pertenecen al autor(es) y no representan necesariamente los puntos de vista oficiales ni el respaldo de los CDC/HHS o del gobierno de los EE.UU. Además, la Fundación de los CDC no garantiza ni es responsable de la exactitud o confiabilidad de la información o el contenido de este artículo. Adicionalmente, la Fundación de los CDC renuncia expresamente a toda responsabilidad por daños de cualquier tipo que surjan del uso, la referencia o la confianza en cualquier información contenida en este artículo. Este artículo no pretende y no debe ser interpretado como que constituye o implica el respaldo, patrocinio o recomendación de la Fundación de los CDC sobre la información, los productos o los servicios que se encuentran en él.
