An illustration of a person's silhouette showing their brain with a scribble inside.
Illustration: PGN

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En 2024, 52.6 millones de estadounidenses de 12 años o más necesitaron tratamiento para el trastorno por consumo de sustancias (TCS). De ellos, sólo el 19.3 por ciento recibió tratamiento, según la más reciente Encuesta Nacional sobre la Salud y el Consumo de Drogas.

El TCS es una afección médica crónica tratable que hace que las personas tengan dificultades para controlar el uso de sustancias legales o ilegales, como el alcohol, el tabaco, los opioides recetados, la heroína, la metanfetamina o la cocaína. El uso de estas sustancias puede afectar la salud y la capacidad de las personas para funcionar en su vida diaria.

Si bien hay ayuda disponible para las personas con TCS, el estigma que enfrentan (actitudes negativas, estereotipos y discriminación) a menudo genera vergüenza, empeora su condición y les impide buscar ayuda.

Aquí te contamos más sobre cómo el estigma perpetúa el consumo de sustancias.

El estigma puede impedir que las personas busquen tratamiento

Suzan M. Walters, profesora asistente del Grossman School of Medicine de New York University, ha visto esto de primera mano en su investigación sobre el estigma y las disparidades en la salud.

Ella explica que las personas con TCS pueden ser tratadas de manera diferente en un hospital u otro centro de atención médica debido a su consumo de drogas, su apariencia (incluidas las marcas en sus brazos) o su situación de vivienda, lo que puede disuadirlos de buscar atención.

“Y este no es sólo un caso; esta es una tendencia que estoy viendo en las personas que consumen drogas”, dice Walters a PGN. “Alguien dijo: ‘Si tengo una sobredosis, ni siquiera iré a la sala de emergencias a buscar ayuda por esto, por la forma en que me tratan. Porque sé que me tratarán de manera diferente’”.

Las personas experimentan estigma no sólo por su adicción, sino también por otros aspectos de sus identidades, dice Walters, incluyendo “la inmigración o la raza y origen étnico. Las personas hispanas, morenas y negras están siendo tratadas de manera diferente y experimentando resultados diferentes”.

Y a pesar de tener herramientas eficaces de reducción de daños y opciones disponibles de tratamiento para el TCS, las investigaciones han demostrado que el estigma crea barreras de acceso.

Los programas de servicios de jeringas (SSP, por sus siglas en inglés), por ejemplo, ofrecen pruebas para detectar enfermedades infecciosas y tiras reactivas de Narcan y fentanilo. Se ha demostrado que estos programas salvan vidas y reducen la propagación del VIH y la hepatitis C. 

Los SSP no aumentan la delincuencia, pero a menudo son erróneamente “vistos por las comunidades como escenarios potenciales de delitos relacionados con las drogas”. Este mito persiste a pesar de décadas de investigaciones que demuestran que los SSP hacen que las comunidades sean más seguras.

Para mejorar este sesgo, Walters dice que es útil que las personas den un paso atrás y reconozcan cómo usamos sustancias, como el alcohol, en nuestras propias vidas, y al mismo tiempo humanizar a las personas con adicción. “Hay una falta de comprensión de que estos son seres humanos y personas que viven vidas, y muchas veces vidas muy funcionales”, dice Walters.

Los conceptos erróneos conducen al estigma

El TCS es el resultado de cambios en el cerebro que dificultan que una persona deje de consumir una sustancia. Pero las investigaciones han demostrado que una gran creencia errónea que conduce al estigma es que la adicción es una elección y refleja la fuerza de voluntad de una persona.

Michelle Maloney, directora clínica ejecutiva de servicios de salud mental y recuperación de adicciones de Rogers Behavioral Health, afirma a PGN que frases como “deberías poder dejar de hacerlo” pueden impedir que un paciente busque tratamiento. Ella añade que esta creencia se remonta a los años 1980 y a la Guerra contra las Drogas.

“Pensamos en los anuncios de servicio público que se produjeron durante esa época: ‘Simplemente di no a las drogas’”, dice Maloney. “Las personas que han tenido dificultades, ya sea con la nicotina, el alcohol o los opioides, [saben] que no es tan fácil como simplemente decir no”.

El estigma puede empeorar la adicción

El estigma también puede hacer que las personas con TCS se sientan culpables y avergonzadas y se culpen a sí mismas por su condición médica. Estos sentimientos, según el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA, por sus siglas en inglés), pueden “reforzar el comportamiento de búsqueda de drogas”.

En un artículo de 2020, la Dra. Nora D. Volkow, directora de NIDA, dijo que “cuando se internaliza, el estigma y el doloroso aislamiento que produce fomentan un mayor consumo de drogas, lo que exacerba directamente la enfermedad”.

En general, las investigaciones coinciden en que el estigma daña a las personas que experimentan adicción y puede empeorar la afección. Los expertos también coinciden en que desacreditar los mitos sobre la afección y utilizar un lenguaje no estigmatizante (como decir que alguien es una persona con un trastorno por uso de sustancias, no un adicto) puede contribuir en gran medida a reducir el estigma.

Recursos para mitigar el estigma:

Este artículo contó con el apoyo de Life Unites Us, una campaña de salud que recibe financiación del Departamento de Programas de Drogas y Alcohol de Pensilvania. Public Good News conserva el control editorial total sobre sus reportajes.