Mucho antes del COVID-19, los expertos en salud advirtieron que una gran pandemia era inevitable. Pero la falta de preparación adecuada dejó a Estados Unidos vulnerable, lo que provocó más de 1.1 millones de muertes y 6.2 millones de hospitalizaciones.
El COVID-19 nos ha enseñado la facilidad con la que una enfermedad puede pasar de los animales a los humanos y la rapidez con la que puede atravesar fronteras y océanos. Aún así, el COVID-19 no es la última pandemia que enfrentaremos; es probable que las pandemias se vuelvan más frecuentes y más graves debido al cambio climático, la mayor invasión humana de los hábitats animales y el aumento en los viajes internacionales.
La capacidad de monitorear la propagación de enfermedades en tiempo real antes y durante los brotes y de responder con rapidez de manera decisiva y equitativa es necesario para mantener a todos a salvo. A continuación, describimos algunos pasos que Estados Unidos puede tomar para prepararse para la próxima pandemia.
La preparación es clave para evitar un desastre pandémico
En 2010, el presidente Obama amplió un plan de respuesta rápida y eficiente a una posible pandemia, lanzado por primera vez durante la presidencia de George W. Bush. Ambas administraciones enfrentaron importantes brotes de enfermedades y dejaron un manual para combatir futuras pandemias.
Sin embargo, la administración de Trump desmanteló el programa y recortó la financiación para las iniciativas de preparación para una pandemia. Cuando el COVID-19 llegó a Estados Unidos, el país no estaba preparado, incluso cuando la pandemia se desarrolló exactamente como los expertos en enfermedades infecciosas habían advertido durante más de una década.
Durante el transcurso de la pandemia de COVID-19, la atención y financiación públicas se desplazaron hacia la vigilancia y la respuesta a la pandemia. La Casa Blanca de Biden anunció en octubre de 2022 una estrategia de biodefensa para prevenir y responder con rapidez a futuras pandemias.
El monitoreo de las aguas residuales, una de las primeras formas de detectar brotes de enfermedades emergentes, aumentó dramáticamente en EE.UU. durante la pandemia. El Sistema Nacional de Vigilancia de Aguas Residuales de los CDC creció de sólo cinco sitios de prueba de SARS-CoV-2 en 2020 a más de 1,200 sitios que representan alrededor de 150 millones de estadounidenses en 2022. Las pruebas se extendieron a la viruela símica en 2022. Ahora, los CDC están trabajando para ampliar la vigilancia a otros patógenos, incluidos el poliovirus, la influenza y el E. coli.
Reforzar la vigilancia de las enfermedades zoonóticas emergentes
Las enfermedades zoonóticas, que saltan de los animales a los humanos, han ido en aumento en todo el mundo durante décadas, provocando importantes brotes de enfermedades infecciosas como la viruela símica, el ébola, el dengue y la gripe aviar.
Además, la propagación de las enfermedades zoonóticas se ve agravada por el cambio climático, a medida que los desastres naturales y la reducción de los hábitats obligan a los humanos a acercarse más a los organismos portadores de enfermedades. Los expertos creen que la probabilidad de que la próxima pandemia sea zoonótica es cada vez mayor, lo que hace que la vigilancia de enfermedades en la vida silvestre y en la agricultura sea más importante que nunca. Un estudio reciente encontró que el venado de cola blanca en los EE.UU. puede portar el SARS-CoV-2 y potencialmente transmitirlo a los humanos.
Un ejemplo es el brote de la gripe aviar que comenzó a principios de 2022, que ha sido el más mortífero de la historia, matando a cientos de millones de aves y aumentando los costos de los huevos y las aves de corral. Esto demuestra que incluso las enfermedades zoonóticas que no afectan principalmente a los humanos pueden tener efectos devastadores.
Invertir en prevención y control de enfermedades en todas partes
Durante el verano de 2022, Estados Unidos tropezó en su respuesta al brote mundial sin precedentes de la viruela símica, su primer esfuerzo de respuesta a una enfermedad desde el inicio de la pandemia de COVID-19. Aunque miles de personas enfrentaron la amenaza de la enfermedad, los funcionarios de salud retrasaron la distribución de vacunas que salvan vidas e inicialmente no lograron comunicar claramente quiénes estaban en mayor riesgo.
La viruela símica es endémica en partes de África occidental y central y, antes de 2017, rara vez se transmitía entre humanos. El brote de viruela símica no sólo demostró que es necesario combatir las enfermedades infecciosas en todas partes del mundo, sino también que las respuestas deben ser oportunas y equitativas. Por ejemplo, mientras que Estados Unidos y otros países ricos rápidamente distribuyeron vacunas apenas unos meses después de que comenzara el brote, otros en África, Asia y América Latina todavía carecen de acceso a las vacunas contra la viruela símica.
De manera similar, la polio, una enfermedad que ha sido eliminada en gran parte del mundo durante décadas, ahora amenaza con regresar en áreas con bajas tasas de inmunización.
En los últimos años, Estados Unidos ha sido testigo de brotes de nuevas enfermedades como el COVID-19, enfermedades casi erradicadas como la polio y enfermedades, como la viruela símica, que alguna vez estuvieron confinadas a regiones geográficas específicas. Estos brotes demuestran que las enfermedades infecciosas no respetan fronteras. La única manera de proteger a Estados Unidos contra futuras pandemias es hacer todo lo posible para prevenir los brotes de enfermedades en todo el mundo.
Fortalecer la existente infraestructura de respuesta a una pandemia
Durante la pandemia del COVID-19, Estados Unidos financió el desarrollo acelerado de vacunas, mascarillas y pruebas rápidas; extendió la vigilancia de las aguas residuales; y lanzó sistemas comunitarios de extensión, lo que demuestra que sistemas como estos son eficaces para contener la transmisión de enfermedades y salvar vidas. Debido a la pandemia, Estados Unidos cuenta con muchas herramientas para prevenir y controlar futuras pandemias.
Las lecciones aprendidas durante la pandemia también demuestran la importancia y la necesidad de asociaciones y alianzas globales. Por ejemplo, cuando la subvariante ómicron comenzó a circular a finales de 2021, los investigadores sudafricanos fueron los primeros en advertir al mundo.
La Red de Vigilancia Genómica de Sudáfrica, uno de los siete sitios de secuenciación genómica de próxima generación de la Iniciativa Genómica de Patógenos de África, es un esfuerzo que los CDC de África y la Organización Mundial de la Salud lanzaron en 2020 para apoyar la vigilancia de enfermedades y la respuesta de salud pública en todo el continente.
Reconstruir la confianza en la salud pública
La información falsa sobre el COVID-19 y las vacunas no solo afectó las tasas de vacunación contra el COVID-19; también pudo haber causado un daño significativo en la percepción de las iniciativas de salud pública y en las vacunas de manera colectiva. Sin embargo, los mensajes inconsistentes de los funcionarios de salud pública también influyeron en la pérdida de confianza del público.
Como resultado, la administración actual se encuentra en la posición única de contar con la infraestructura y la experiencia de respuesta a la pandemia, junto con una resistencia sin precedentes a las políticas relacionadas con la pandemia. Más de la mitad de los estados de EE.UU. han aprobado leyes para prevenir o debilitar futuras políticas de respuesta a brotes, como cierres de escuelas y requisitos de uso de mascarillas.
Para superar esta resistencia, quienes apoyan la salud pública probablemente necesitarán organizar su oposición a las políticas de respuesta antipandémicas y presionar a sus representantes para que apoyen las políticas basadas en evidencia que nos mantendrán a todos más seguros cuando enfrentemos la próxima pandemia. Además, será necesario monitorear y disipar la información engañosa antes de que llegue al público con mayor amplitud para evitar el ciclo de desinformación que caracterizó a la pandemia de COVID-19.
