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Dos estudios recientes informaron sobre un aumento en las tasas de cáncer entre los adultos más jóvenes en EE.UU. y el mundo. Esto llevó a algunas cuentas antivacunas en línea a relacionar los hallazgos de los estudios con las vacunas contra el COVID-19.

Pero, como ocurre con otros mitos, los datos cuentan una historia muy diferente.

Lo que necesitas saber

  • Los alegatos infundados de que las vacunas contra el COVID-19 causan cáncer han persistido en línea durante varios años y ganaron fuerza a finales de 2023.
  • Dos informes recientes que encontraron un alza en las tasas de cáncer entre los adultos más jóvenes se basan en datos de incidencia de cáncer anteriores a la pandemia. Las tasas de cáncer en los EE.UU. están en aumento desde la década de 1990.
  • No hay evidencia de un vínculo entre las vacunas contra el COVID-19 y un mayor riesgo de cáncer.

Los alegatos falsos sobre las vacunas contra el COVID-19 comenzaron a circular meses antes de que estas estuvieran disponibles. El principal alegato falso fue la especulación mal informada de que el ARNm de la vacuna podría alterar o integrarse en el ADN de los receptores de la vacuna.

No es así. Pero eso no impidió que algunos en las redes sociales convirtieran ese alegato en un mito persistente según el cual las vacunas de ARNm pueden causar o acelerar el crecimiento del cáncer. Los grupos antivacunas incluso acuñaron el término “turbo cáncer” para describir el fenómeno falso de cánceres anormalmente agresivos supuestamente relacionados con las vacunas contra el COVID-19.

Ellos utilizaron la proyección de cáncer para 2024 de la Sociedad Americana contra el Cáncer, basada en datos de incidencia hasta 2020, y un estudio de las tendencias mundiales de cáncer entre 1999 y 2019 para reforzar los alegatos falsos. Esto expuso la deshonestidad en el centro de los mensajes antivacunas, pues los datos que utilizaron y vincularon descuidadamente con las vacunas contra el COVID-19 en publicaciones virales en las redes sociales son de décadas anteriores a la pandemia.

Algunos en las redes sociales seleccionan datos y utilizan evidencia infundada porque los alegatos de que las vacunas contra el COVID-19 causan cáncer no son ciertas. Según el Instituto Nacional del Cáncer y la Sociedad Americana contra el Cáncer, no hay evidencia de la existencia de algún vínculo entre las vacunas contra el COVID-19 y un aumento en el diagnóstico, la progresión o la remisión del cáncer.

¿Por qué perdura el mito del cáncer y la vacuna?

En la raíz de los alegatos falsos sobre el cáncer y las vacunas contra el COVID-19 se encuentra una larga historia de figuras antivacunas quienes falsamente vinculan las vacunas con el cáncer. Las vacunas contra la polio y el VPH han sido objeto de mitos refutados sobre el cáncer.

Las vacunas contra el VPH no sólo no causan cáncer, sino que son una de las dos únicas vacunas que previenen el cáncer.

En el caso de las vacunas contra la polio, algunos de los primeros lotes estaban contaminados con el virus simiano (SV40), un virus conocido por causar cáncer en algunos mamíferos, pero no en humanos. Los lotes contaminados se descubrieron y ninguna otra vacuna ha tenido contaminación con SV40 en más de 60 años.

Los estudios de seguimiento no encontraron ningún aumento en las tasas de cáncer en las personas que recibieron la vacuna contra polio contaminada con SV40. Sin embargo, quienes se oponen a las vacunas han afirmado durante décadas que las vacunas contra el  polio causan cáncer.

Reciclaje del mito del SV40

El mito del SV40 resurgió en el 2023 cuando los opositores a las vacunas afirmaron que las vacunas contra el COVID-19 contienen el virus. En realidad, una pequeña parte no funcional del virus SV40 se utiliza en la producción de algunas vacunas contra el COVID-19. Este fragmento de ADN, llamado promotor, se usa comúnmente en la investigación biomédica y en el desarrollo de vacunas y no permanece en el producto terminado.

Fundamentalmente, el promotor del SV40 utilizado para producir las vacunas contra el COVID-19 no contiene la parte del virus que ingresa al núcleo celular y está asociado con propiedades cancerígenas en algunos animales. El promotor también carece de la capacidad de sobrevivir por sí solo dentro de la célula o de interactuar con el ADN. En otras palabras, no supone ningún riesgo para los humanos.

Más de 5,600 millones de personas en todo el mundo han recibido vacunas contra el COVID-19 desde diciembre de 2020. A esa escala, incluso el más mínimo aumento en las tasas de cáncer en poblaciones vacunadas equivaldría a cientos de miles de diagnósticos y muertes excesivas por cáncer. La evidencia del supuesto cáncer relacionado con las vacunas se observaría en datos reales de incidencia, tratamiento y mortalidad, no en anécdotas en las redes sociales o informes no verificables.